IGLESIA DE CRISTO ROMANOS 16:16.SAN CRISTOBAL DE LAS CASAS CHIAPAS MÉXICO SOMOS LA CONGREGACIÓN SAN RAMÓN....

¿PORQUE LA IGLESIA DE CRISTO NO USA INSTRUMENTOS DE MÚSICA ?

Que la música en la iglesia debiera ser exclusivamente vocal (a capela), o sea, sin el acompañamiento de instrumentos de música.

Porque el mandamiento específico del Nuevo Testamento es cantar, “alabando al Señor en vuestros corazones”, y no con instrumentos de música. Ya que el mandamiento estipula categóricamente una sola clase de música, a saber, la vocal, por lógica irrebatible quedan eliminadas las demás clases de música. Así, de la misma manera que el mandamiento de orar solo en el nombre de Cristo excluye, lógicamente, orar en el nombre de la Virgen María, cualquier “santo” fallecido, o cualquier otro personaje, pese a que no se encuentra en la Biblia algún mandamiento que diga textualmente: “Ninguno orará en el nombre de María o en el nombre de uno de los apóstoles”. Todos los textos del Nuevo Testamento que tratan de la música en la iglesia autorizan, mediante preceptos o ejemplos, solo la música vocal. Colosenses 3:16; Efesios 5:19; Santiago 5:13; 1 Corintios 14:15; Hechos 16:25. No se menciona en el “nuevo pacto” ningún “don de tocar instrumentos de música”.

El Salmo 150 pertenece al Antiguo Testamento y, por lo tanto, lo citaría en apoyo de instrumentos de música en la iglesia solo aquella persona que no haya comprendido que todas las “ordenanzas de culto” de aquel Antiguo Testamento, de aquel tabernáculo-templo de Israel (Hebreos 9:1-10), fueron abolidas en la cruz.

Escrutando la historia de la Era Cristiana, no se evidencia el uso de instrumento musical alguno en culto a Dios hasta quinientos años después del establecimiento de la iglesia. Los llamados “padres de la iglesia”, tales como Ireneo, Tertuliano y Crisóstomo, se pronunciaron enfáticamente en contra de instrumentos de música en la iglesia, afirmando insistente y vigorosamente que pertenecían a la “antigua ley” de Moisés.

Que es necesario adorar a Dios “en espíritu y en verdad”, según la enseñanza de Jesucristo en Juan 4:23-24.

No, pues, en la carne, gozándose con la música instrumental y otras cosas mundanas de la misma índole, sino “en espíritu”, es decir, en el alma, en el hombre interior, y con sinceridad. Espiritualmente, y no material o secularmente. “…en verdad”, y no según leyes humanas, ni siguiendo gustos o antojos personales. Verticalmente, hacia el cielo, y no horizontalmente, hacia los demás creyentes o hacia los no convertidos para complacerlos. Caín (Hebreos 11:4), Nadab y Abiú (Levítico 10:1-2) y los fariseos del tiempo de Jesucristo (Mateo 15:1-9) son ejemplos clásicos de personas cuyos actos de adoración fueron rechazados por Dios, porque adoraron según mandamientos de hombres o sustituyeron sus propias formas de adoración por las ordenanzas de Dios. El rey Saúl es otro, pues tomó “del anatema para ofrecer sacrificios a Jehová” (1 Samuel 15:1-30), perdiendo su reino, y posiblemente su alma, por haberlo hecho. El anatema de actualidad se compone de rosarios, crucifijos, esculturas o íconos venerados, velas sagradas, incienso, altares adornados, la hostia, instrumentos de música y otras cosas semejantes, las que Dios no ha autorizado para el culto. “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.  Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren (Juan 4:23-24).Entonces, claramente, Dios es quien fija los parámetros para la adoración aceptable, y no el hombre. Nosotros queremos ser encontrados entre “los verdaderos adoradores” que “el Padre… busca”.